jueves, 3 de enero de 2008

El último sms

Decidí mandarle el último sms y no insistir más. Llevaba toda la semana llamándolo, mandándole emails y mensajes para quedar pero el no respondía. No entendía su comportamiento, él no era así. Mis palabras fueron las siguientes: Jordi, no entiendo lo que estas haciendo pero si es lo que quieres no te volveré a molestar. Te quiero.

Con una leve esperanza de que me contestase me puse a ver la televisión y efectivamente a los pocos minutos escuche el pitido de mi teléfono móvil. Era él: “Lo siento pero será lo mejor para los dos.”

Egoísta, sería lo mejor para él, no para mí. Nunca más supe de él.




Para mi padre

“Aquel día, ella debía tener unos 8 años, y entonces no comprendía muy bien porque la vida nos pone obstáculos y es cruel, separándonos a veces de aquellas personas a las que más queremos...

Ella no comprendía por qué su padre se había marchado a otra ciudad. “Por trabajo” le decía su madre, pero ella no entendía…

Pasaron los años y la pequeña sólo veía a su padre una vez al mes, en el mejor de los casos, pero cuando estaban juntos era especial, eran uña y carne, no existía en el mundo una relación tan hermosa como la que Elena, que así se llamaba, tenía con su padre, Gustavo.

Ella era una niña a la que le encantaba todo tipo de deportes. Su padre no se perdía un solo partido de fútbol, una sola salida a navegar, ni una sola manga de sus campeonatos de surf cuando él volvía de Barcelona, ciudad en la que éste vivía.

Él lo dio todo por ella. Cualquiera hubiese dicho que aquella niña que crecía a un ritmo fugaz se había creado sin padre. Pero no era el caso de Elena. Ella sabía que cualquier problema se lo contaría a su padre por medio de las numerosas cartas que se mandaban, con una simple llamada de teléfono…

A día de hoy, en una caja forrada de papel azul, guardada encima del armario, se encuentran aún esas cartas en las que cada letra, cada punto, cada coma, cada detalle expresaba amor… Elena aprendió a redactar gracias a las cartas que escribía a su padre.

No fue fácil para ninguno de los dos llevar ese nivel de vida, de hecho, nunca se acostumbraron. Lo más probable es que fuese más duro para él, que tuvo que dejar atrás no solo las 3 personas que más quería en el mundo, sus dos hijas y su mujer, sino también a sus hermanos, su madre, sus amigos…



Esa niña era yo.



Me inculcaste sabiamente los valores más importantes que he aprendido en la vida. Gracias a ti aprendí a ver la música de otra forma, educando mi oído, conseguiste que fuese una buena deportista, cuando en un primer momento parecía que iba por el mal camino, conseguí salir adelante y fuiste comprensivo en todo momento.


A 1000 Km. de distancia pero siempre supe que estabas ahí, a una llamada de teléfono, a un email, a una carta… Nunca fue un problema la distancia para que yo mantuviese la alegría, el cariño, la adoración, la esperanza, la honradez, la ilusión porque vuelvas a casa siempre que sea posible.

No he conocido nunca a nadie en mi misma situación, pero me da igual, estando aquí o en Barcelona has sido el mejor padre que he podido tener. Y sé que vas a leer todo esto. Porque es mi felicitación de cumpleaños desde la “distancia”. Esa distancia que ambos sabemos que en realidad es simplemente cuestión de lugar, porque espiritualmente (y aunque suene raro) estuvimos siempre unidos.

Si he dado gracias a Dios por darme una madre como Feli, también tengo que agradecerle que me haya tocado tenerte como padre, por heredar tanto habilidades tuyas, como prácticamente mi físico en si (quién diga que no me parezco a ti es porque necesita cambiar la graduación de sus gafas…)

Creo que nunca llegarás a darte cuenta de la cantidad de cosas que he aprendido de ti, de todo lo que has influido en mí, de todo lo que me has enseñado, de tus gustos, todo… Con intención o no, muchas cosas vienen del ADN, los ojos, el pelo… Pero otras no.

Enamorada de mi profesor

Karen y Leonardo pasaron la noche juntos. No era la primera vez ni seria la ultima, ambos lo sabían. Se habían conocido en la universidad dos años atrás, pero no había sido hasta hace dos meses cuando él dio el primer paso. La había invitado a su casa para que viese ciertos artículos y revistas acerca de las lenguas de signos orientales, publicaciones que no se encontraban en las bibliotecas convencionales, ni si quería en la de la facultad, que contaba con un amplio apartado dedicado a ello. Cuando ya llevaban un par de horas hablando sobre el tema, Leo sacó una botella de vino del mueble bar y, aunque en un principio Karen se negó a beber, finalmente se la acabaron entera.

Estuvieron hablando sobre lenguas de signos durante horas pero la cosa se alargó y acabaron cotilleando sobre la gente de la facultad. Ambos sentados en el mismo sillón se fueron acercando:
-¡Mira este artículo! Qué curioso…-decía Leo mientras arrimaba su hombro al de Karen.
-Sí, es muy interesante.-realmente ella no prestaba atención.
Karen solo era capaz de fijarse en los ojos de Leo: marrones y brillantes, su mirada. Pero eran realmente sus labios los que llamaban la atención: carnosos y bien marcados, a los que se le añadía una bonita sonrisa.

Se besaron.




El autobús número doce

Nadie de los que allí estaban podría explicar lo que ocurrió aquella mañana.

María solía coger el autobús numero doce todos los días para ir a la facultad de Bellas Artes. Pablo, sin embargo, se bajaba en la parada anterior para dirigirse a su estudio de fotografía. Normalmente se desplazaba en moto, pero aquellos días la tenía en el taller. Los dos jóvenes se atraían y no era de extrañar. Pablo era un chico apuesto, con piso propio y un trabajo estable para una conocida revista de moda. Casi todas las semanas acababa acostándose con alguna de las modelos que pasaban por su estudio. Por otra parte, ella era bastante risueña y coqueta y su pasión era dibujar. Destacaba por su sencillez, su atractivo y su esbelta figura y ya estaba acostumbrada a las miradas de la gente.
Pablo veía a María como una joven atractiva e inteligente (se había fijado en sus libros de último curso con anterioridad) totalmente diferente a las modelos que veía frecuentemente.
Aquella misma mañana María esperaba en la parada cuatro minutos antes de que el autobús apareciera. Pablo llego a toda prisa. Ambos se miraron y sin que nada ni nadie pudiesen impedirlo se besaron apasionadamente. Ella dejó caer los libros y el su mochila.
Algunas de las personas que normalmente cogían el mismo autobús no pudieron contener su gesto de sorpresa.


Esa mañana aquel el número doce partió con dos pasajeros menos.

Nota: Puede que esta historia continue algun día... =)

Un madurito resulton

Mark lo tenía todo para gustar a una mujer. Era guapo, elegante, educado, tenia una sonrisa preciosa y le gustaba tontear con las veinte añeras. A pesar de sus cuarenta y un años se conservaba muy bien y era dueño de una empresa bastante importante. Había conseguido cazar a un millar de mujeres, pero ninguna de ellas le había gustado lo suficiente como para mantener una relación seria.

Miró el reloj. Eran exactamente las diez de la noche. Empezó a pensar en ella, una joven que había conocido días antes y que desde entonces no había podido quitarse de la cabeza.

No era como las anteriores que había conocido que estaban todo el día pensando en tíos, dinero y ropa. Ella era especial, de una belleza natural única y poseía una mente brillante. Lo tenía todo para triunfar, para llegar a lo más alto, para conseguir lo que pretendiese.

La noche anterior habían quedado en un conocido local de copas de la ciudad. Ambos habían acabado en casa de Mark. Este lo había escuchado todo por parte de una mujer, toda clase de piropos y frases propias para la seducción, pero ella, precisamente la joven le había piropeado por su inteligencia y no por su aspecto físico.

Pensando en ella se durmió y sus sueños fueron, sin duda, los mejores que recordaba en años.

Noches...

Todas las noches lloraba por su amor, pensando en todo aquello que habia hecho mal, meditando acerca de errores a los que nunca pudo poner nombre. Sabia desde el principio que algo asi no podia salir bien pero en contra de ello decidio arriesgarse.
Fue bonito mientras duro, tan poco tiempo que ella no pudo descubrir sus defectos, pero si sus muchas virtudes. Se durmio tranquila sabiendo que algun dia, no muy lejano, lo volveria a ver y podria terminar lo que habia dejado a medias.


Esa noche ella abrazo fuertemente su almohada y felizmente se durmio.