Beba estaba tumbada en su cama con las mantas cubriéndole la cabeza y no conseguía conciliar el sueño. Esa misma noche los Reyes Magos vendrían a traerle sus regalos. Notaba cientos de mariposas revoloteando por su estomago y por su faringe. Era una sensación que ya conocía, pues todos los años le ocurría igual. Los Reyes Magos, aquellos tres personajes que ansiaba tanto conocer, pero que a su vez le suscitaban miedo y nerviosismo.
La puerta de su cuarto estaba entreabierta. Pero aun estando bajo las mantas noto la presencia de una persona. Tras pocos segundos noto que alguien más entraba en la habitación, e incluso más tarde un tercero:
-Beba- susurró uno de los hombres- venimos a buscarte para que pases con nosotros esta noche tan especial y recorras el mundo ayudándonos a repartir regalos.
Beba no sabía que decir. Pero notó como esa sensación de mariposas en su interior se apoderaba de ella. Fue entonces cuando despertó de su sueño
La puerta de su cuarto estaba entreabierta. Pero aun estando bajo las mantas noto la presencia de una persona. Tras pocos segundos noto que alguien más entraba en la habitación, e incluso más tarde un tercero:
-Beba- susurró uno de los hombres- venimos a buscarte para que pases con nosotros esta noche tan especial y recorras el mundo ayudándonos a repartir regalos.
Beba no sabía que decir. Pero notó como esa sensación de mariposas en su interior se apoderaba de ella. Fue entonces cuando despertó de su sueño
